Lisboa superpuesta

Hay una Lisboa por encima de la Lisboa que ven todos, que solo yo puedo ver y que no es igual a la que ve ningún otro paseante, turista o habitante de Lisboa, ni a la que yo vi la primera vez que vine, ni la segunda. La Baixa ya no es la Baixa, sino el lugar adonde iba a estudiar portugués tres días por semana nada más llegar a Lisboa, y la vista del Castillo desde la Plaza da Figueira, la droga que te ofrecen al pasar, el Club Bacalhoeiro; Arroios es mi parada de metro, mi casa, el chino de chinos, la Plaza de Chile, mi supermercado, Correos, Calçada Poço dos Mouros; de Santa Apolonia salí con mis padres (primero) y con varios amigos del trabajo (después) para Oporto; Penha de França, Graça: la ruta de los miradores con los amigos que vienen a visitarme. Cidade Universitaria es mi trabajo, mi otra casa, era mi gimnasio hasta que lo dejé; en Alvalade me bajo cuando voy a la Biblioteca Nacional; Roma, donde trabajan varias amigas mías; Campo Grande es sobre todo la cafetería de la estación de autobuses, donde comía “sandes” y “salgados” algunas tardes cuando vivía en la Residencia. Bairro Alto son las cervezas con amigos y un bar “solo para locos y soñadores”; en Rossio saqué aquella foto, que tanto me gusta, de una chica sujetando dos claveles rojos el 25 de abril, llena de luz; Alfama es el Tejo Bar, y ese restaurante cutre hasta lo inimaginable, donde te sacan quesitos de la Vaca que Ríe como aperitivo y la tarta de chocolate sabe a pegamento. También los fados, pero solo con visitas. Belém de noche; los bares irlandeses de Cais do Sodré; el mirador de Santa Catarina con amigos; los teatros de Lisboa (Cornucopia, Comuna, Aberto, Taborda, Dona Maria II, Barraca) que voy conociendo poco a poco. Campo Pequeno, sí, son las touradas a las que todavía no he ido, pero más aún el partido Portugal-España del Mundial, y el concierto de Cranberries; Campo Ourique es Eldorado, el lugar al que es imposible ir, y donde me espera “O melhor bolo de chocolate do mundo”; Martim Moniz, Intendente, no es tan fiero el león como lo pintan. Ajuda, el Observatorio Astronómico con visita guiada y explicación sobre estrellas. Coger un autobús en Sete Rios, ver fútbol en Benfica, cenar en Bica, echar una siesta en el parque de Estrela, una conversación tracendental paseando por Oriente, ver cine al aire libre en Quinta das Conchas o comer tostas mixtas en la Cinemateca. La feria del libro en el Parque Eduardo VII, los arraiales de Santo Antonio, las sardinas asadas, la música pimba, la ginjinha y la Igreja de São Domingos. Y la Lisboa subterránea, verde, azul, amarilla y roja, que lo conecta todo, y donde leo.

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5 pensamientos en “Lisboa superpuesta

  1. Joo!! Creí que habría un huequito para un Observatorio Astronómico y su bonito parque lleno de ardillas, plantas y animales exóticos.

    Pero me ha molado mucho! 😉

  2. Por un instante pensé que la ginjinha se quedaba sin sitio. Fuíu (onomatopeya)! Sobre la bocina, pero ahí está.

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