Portugal Confidential

Está esta última semana Portugal estremecido con una noticia que haría las delicias del Sálvame, y que tiene todos los requisitos para convertirse en un telefime de los de Antena 3 después de comer: el brutal asesinato de Carlos Castro, un conocido periodista del corazón.

Empecemos por los hechos: Carlos Castro era un conocido periodista del corazón, de lengua afilada, abiertamente homosexual y colaborador de varios medios impresos y televisivos (entre ellos, el Correio da Manhá). A principios de diciembre pasado, el periodista, de 65 años, anunció públicamente su romance con Renato Seabra, un modelo de 20 que se hizo famoso en un reality. Y juntos se fueron a pasar el fin de año en Nueva York, la ciudad favorita del periodista. Efectivamente, como ha contado un amigo de la pareja, llegaron el día 29 de diciembre, se instalaron en su hotel, fueron a musicales, hicieron compras y pasaron la Nochevieja en Times Square.

Así llegamos a la noche del 7 de enero. Castro y Seabra han quedado con unos amigos en el hall del hotel, pero no aparecen; en vez de eso, Seabra baja solo y dice que “Castro nunca más saldrá de este hotel”. Avisada la policía, entran en la habitación y encuentran el cadáver de Carlos Castro, con varios golpes en la cabeza, desfigurado, con señales de estrangulamiento y castrado (la wikipedia en inglés da más detalles pero os los ahorro). Renato Seabra ingresa en un hospital poco después, con las muñecas cortadas. Interrogado por la policía, confiesa el crimen y declara que lo ha hecho “para librarse de su homosexualidad“.

Después de eso, el habitual circo mediático de rumores, seudo-noticias y debates vacíos. Que si pudo ser por dinero. Que si Carlos Castro tenía miedo de Renato Seabra. Que si Renato Seabra se sentía atrapado. Y mientras, las hermanas del uno y la madre del otro llegan a Nueva York y personas más o menos cercanas o aprovechadas hacen declaraciones varias; se realizan los funerales del periodista y se incinera su cuerpo. Y lo último, en el límite del surrealismo: en el pueblo del (presunto) asesino se organiza una misa (o concentración, no está muy claro) en solidaridad con él. Una vecina declara que ha ido “para pedir que si hay alguien… como se suele decir… dios… que lo proteja y lo ayude”. Y mientras los vecinos están en la misa, o en la concentración, o en lo que sea, dos encapuchados atracan una tienda de joyas.

¿Qué más se puede pedir? Un personaje famoso, homosexual y azote del mundo del corazón. Un joven modelo. Una pasión amorosa que atraviesa continentes. Un asesinato violento y morboso. Dos familias destrozadas. Un pueblo que llora (y que deja que le roben). Cámaras, micrófonos, papel couché. No tardarán mucho en hacer la película. Y si no, al tiempo.

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10 pensamientos en “Portugal Confidential

  1. Pingback: Portugal Confidential, segunda parte « Como un libro abierto

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