Nazarín

¿Cómo me va usted a convencer de que eso es posible?… ¡A mí, que vivo en este siglo XIX, el siglo del vapor, del teléfono eléctrico, y de la imprenta! ¡esa palanca…! de las libertades públicas y particulares, en este siglo del progreso, ¡esa corriente…! ¡en este siglo en que la ilustración nos ha emancipado de todo el fanatismo de la antigüedad! Pues eso que usted dice y hace, ¿qué es más que fanatismo? Yo no critico la religión en sí, ni me opongo a que admitamos la Santísima Trinidad, aunque ni los primeros matemáticos la comprenden; yo respeto las creencias de nuestros mayores, la misa, las procesiones, los bautizos y entierros con honras, etcétera… Voy más allá, le concedo a usted que haiga… quiero decir, que haya almas del Purgatorio, y que tengamos clero episcopal y cardenalicio, por de contado parroquial también… Y si usted me apura, paso por las bulas… vaya… paso también porque tiene que haber un más allá, y porque todo lo que sea hablar de eso se diga en latín… Pero no me saque usted de ahí, de la consideración que debemos a lo que fue. Yo respeto a la religión, respeto mayormente a la Virgen, y aun le rezo cuando se me ponen malos los niños… […] Y en este siglo ilustrado, ¿a qué tiene que mirar el hombre? A la industria, a la agricultura, a la administración, al comercio. He aquí el problema. Dar salida a nuestros caldos, nivelar los presupuestos públicos y particulares… que haya la mar de fábricas… vías de comunicación… casinos para obreros… barrios obreros… ilustración, escuelas, beneficencia pública y particular… ¿Y dónde me deja usted la higiene, la urbanización y otras grandes conquistas? Pues nada de eso tendrá usted con el misticismo, que es lo que usted practica; no tendrá más que hambre, miseria pública y particular… ¡Lo mismo que los conventos de frailes y monjas! El siglo XIX ha dicho: «No quiero conventos ni seminarios, sino tratados de comercio. No quiero ermitaños, sino grandes economistas. No quiero sermones, sino ferrocarriles de vía estrecha. No quiero santos padres, sino abonos químicos». ¡Ah, señor mío, el día que tengamos una Universidad en cada población ilustrada, un banco agrícola en cada calle, y una máquina eléctrica para hacer de comer en la cocina de cada casa, ah, ese día no podrá existir el misticismo! Y yo me permito creer… es idea mía… que si Nuestro Señor Jesucristo viviera, había de pensar lo mismo que pienso yo, y sería el primero en echar su bendición a los adelantos, y diría: «Este es mi siglo, no aquel… mi siglo este, aquel no».

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2 pensamientos en “Nazarín

  1. Ahí, ahí, actualizando las metáforas apocalípticas, Ensada. Ya está bien de cabras y ovejas, señores, hace como siete generaciones desde que mi familia abandonó la transhumancia. Lo que hace falta es un Apocalipsis 2.0., postmoderno y trans. Dichosos los llamados.

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