Literatura de mercado (literalmente)

Onitsha me ha fascinado también porque es el único caso de mercado que conozco que haya creado y desarrollado su propia literatura: la Onitsha Market Literature. En la ciudad viven y trabajan decenas de escritores nigerianos cuyas obras son editadas por docenas de editoriales del lugar, que tienen en el mercado sus propias imprentas y librerías. Se trata de una literatura muy variada: folletines de amor, poemas y sainetes (que más tarde se representan por las numerosas minicompañías de teatro que allí mismo actúan), comedias de bulevar, vodeviles y farsas populares. También abundan las historias didácticas y las guías prácticas del tipo ‘¿Cómo enamorarse?’ o ‘¿Cómo desenamorarse?’, así como novelones como ‘Mabel o la dulce miel que se ha evaporado’ o ‘Juegos amorosos y después… la desilusión’. Todo con el fin de conmover y arrancar las lágrimas, aunque también para enseñar y dar consejos desinteresados. La literatura tiene que cumplir una función, consideran los autores de Onitsha, y en su mercado encuentran un enorme auditorio que busca experiencias y sabiduría. Quien no tiene dinero para comprarse el folleto con una obra maestra (o, simplemente, no sabe leer) puede escuchar su mensaje por un céntimo, pues ése es el precio de la entrada a las veladas con el autor, que a menudo se celebran a la sombra de los tenderetes con naranjas o con batatas y cebollas.

Ryszard Kapuscinski: Ébano

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