La agonía del tigre celta

Los lugares en los que uno ha vivido ocupan ya para siempre un lugar especial en la memoria, y nada de lo que pase en ellos puede resultar totalmente ajeno. Así que desde que me fui de Irlanda vengo siguiendo con atención, y con pena, la evolución de la economía, la política y en general la vida del país en el que viví dos años, y que ahora se ve sumido en una depresión profunda que, la verdad, ya se veía venir desde hace tiempo.

Cuando llegué a Irlanda en 2007, me sorprendió encontrar un país muy distinto al que imaginaba, con sueldos y precios altísimos, con punteras empresas tecnológicas y lo que parecía una economía boyante y fructífera. Escribí entonces una entrada titulada “The celtic tiger“, en que hablaba del milagro irlandés de los años 90, en que la economía irlandesa había crecido a ritmos de hasta el 11%, convirtiendo al país, tradicionalmente a la cola de Europa, en uno de los más prósperos, con la segunda renta per cápita más alta del continente después de Luxemburgo. Las causas: el bajo “impuesto de sociedades”, que atrajo a multinacionales extranjeras; las ayudas de la Unión Europea, y también el que fuera un país de habla inglesa en una zona horaria interesante para las compañías estadounidenses.

Cuando publiqué esa misma entrada en mi blog de El Correo, un comentarista me advirtió, y con razón, que llegaba con años de retraso: que el Tigre Celta ya daba muestras de estancamiento y que la economía irlandesa estaba a punto, como luego se demostró, de entrar en recesión. No es solo que el modelo de crecimiento estuviera saturándose: es que ante la escalada de los salarios, las grandes empresas extranjeras estaban deslocalizándose hacia otros países más baratos, principalmente en Europa del Este. DELL, por ejemplo, que se calcula que daba trabajo directa o indirectamente a casi 7000 personas del área de Shannon, decidió trasladar su producción a Polonia a finales de 2009.

Lo que ha venido después ya es conocido por todos: quiebra de bancos, que se embarcaron en arriesgadas aventuras inversoras con la aquiescencia del gobierno -y del resto de bancos europeos-; estallido de la burbuja inmobiliaria, similar a la española, alimentada a su vez por esas mismas políticas de crédito fácil y sin control; déficit público disparado; presupuestos espartanos con brutales recortes del gasto y aumento de los impuestos directos e indirectos; crisis política y desencanto generalizado…

Lo cierto es que en Irlanda se han cebado con especial crueldad las mismas lacras que han asolado el resto de las economías del mundo: la mala gestión financiera, dirigida por banqueros ineptos, cortoplacistas y avariciosos, favorecidos por un descontrol político casi total; el estallido de una burbuja inmobiliaria que era claramente insostenible, pero que nadie previno a tiempo; la incapacidad de los políticos para pensar a medio o largo plazo y prever soluciones para los tiempos de “vacas flacas”; endeudamiento público y privado muy por encima de las posibilidades económicas reales…

Ahora, el futuro pinta bastante negro para Irlanda. Las medidas adoptadas, estrictamente destinadas a reducir el déficit (como exigen Bruselas, el BCE y el FMI) y la segunda oleada de hundimientos bancarios han dejado la economía del país prácticamente paralizada, y pasarán varios años antes de que se recupere mínimamente (por no hablar de que vuelva a su ritmo de crecimiento de los 90, algo que nadie imagina posible); el salvamento de 100.000 millones de euros que acaba de aceptar a regañadientes, unido a la convocatoria de elecciones anticipadas para el año que viene no es más que el último clavo en el ataúd del Tigre Celta.

Toda esta historia sería un poco menos triste si por lo menos hubiéramos aprendido algo, o si al menos, como consuelo menor, los culpables de la debacle hubieran pagado por ello. Pero no parece que vaya a ser así. Ni una cosa ni otra. Ahora, todos los ojos se giran hacia el siguiente país de la lista de los débiles (Portugal, y después, España), y yo me pregunto si tiene algo que ver el que yo me vaya mudando de unos a otros. Menos mal que nunca he estado en Grecia…

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14 pensamientos en “La agonía del tigre celta

  1. Creo que te ocurre como a mi padre, que cada vez que va a algún sitio, ocurre algo –acaba de volver de Corea y no hay más que ver las noticias–.

    Y no, no hemos aprendido nada. Puede que nos (los trabajadores) tengamos que apretar el cinturón durante varios años y cuando se recupere (o recuperen los bancos) la confianza, volveremos (todos) a caer en lo mismo.
    En fin.

    Ya que en breve me gustaría mudarme a Alemania, por favor, Santi, no te mudes allí tú también (dicho desde el cariño).

    • Jejeje, no, si al final me voy a ganar la fama de gafe… Desde luego, por lo que dicen los “expertos” (que se ve que tienen tanta idea como el resto de los mortales), la economía de Alemania es la más fiable de toda la zona euro, así que ni siquiera el efecto Santi podría derribarla. Casi me dan ganas de ir, para comprobarlo…

      Hace gracia (es un decir) recordar ahora aquellas promesas de “refundar el capitalismo” que se hicieron cuando la crisis empezaba a asomar la cabecita, cuando parecía que se iban a aplicar medidas keynesianas y a adoptar mecanismos de regulación financiera nacionales y globales. Ahora, pasado el tiempo, se ve que los bancos y las bolsas siguen haciendo lo que quieren; que los políticos se han tenido que plegar a las exigencias de organizaciones supranacionales como el BCE o el FMI, y que nada garantiza que, cuando se nos pase el susto, no volvamos a las andadas, como tú dices.

      En fin…

  2. Mi comentario va más sobre la forma que sobre el contenido: me ha gustado mucho el título, tan atrayente que me ha dado ganas de leer el resto del artículo -y así lo he hecho, jeje-.

    Muy interesante, Santi. Y bien explicadito para las que somos “tontas” para temas en los que hay muchos números.

    Saludos!

    Paula

    • Pues muchas gracias, Paula, me alegro de que te haya interesado 🙂 El título, bueno, lo del “tigre celta” no me lo he inventado yo, claro, es un término que apareció ya en los 90 para referirse al “milagro económico irlandés”…

  3. Un apunte. España e Irlanda fueron dos de los países que más ayudas recibieron de la UE (los llamados fondos de cohesión y esas cosas). En España nos gastamos el dinero en infraestructuras que, aunque unas fueron más acertadas que otras, es algo que vertebra el país y durarán décadas. En Irlanda se lo gastaron en darle ventajas fiscales a esas grandes empresas USA, lo cual permitió que esas mismas empresas pagasen sueldos desorbitados a auténticos analfabetos. Es decir, se repartieron el dinero de la UE entre ellos mismos. Eso les permitió vivir DPM durante unos años, pero una vez se terminan las ayudas (que ahora necesitan los países del Este) ya no hay dinero que repartir, se levanta la niebla y lo que queda es la realidad: un país de vagos y borrachuzos en que lo único que crece es la hierba.

    No me gusta generalizar de esta manera, pero yo estuve allí trabajando más de 4 años (en los que conocí a Santi) y esto se veía venir. Es que lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible.

  4. Una horda de portugueses armados con antorchas y horcones se dirige ahora mismo hacia la casa de Santi coreando consignas rítmicas como “Ceniiiiizo, ceniiiiiizo” y agitando pancartas que dicen “Pola Patria, Morte ao gafe”. O algo así.

    • Jajajajajajajajajajajajjaja!!!!!
      Jajajajajajajajajajajajajajajajajajaja!!!!
      Ay, que me da algo… Jajajajajajajajajajajajaja!!!!!!!

      • Miiiiiiiiira cómo se ríe el niño. Jajaja, vamos a linchar a Santi, jajajaja. Mmmmmmmh. Qué graciosillos estamos hoy. Mh.

        ¿A que me mudo a España y os hundo?

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