Soy un pirata

Me pongo a escribir, por una vez y sin que sirva de precedente, indignado. E indignado con una persona concreta: Ramón Muñoz, un redactor de El País que lleva años dedicando artículos y reportajes a la “piratería” (sic) y demostrando siempre el mismo tono tendencioso y la misma parcialidad en su enfoque: los buenos siempre son los editores, las discográficas, las productoras, la SGAE, mientras que los internautas, los usuarios y consumidores de cultura son los “piratas”, los ilegales, los ladrones. Solo ayer y hoy ha publicado dos artículos (este y este) que vienen a decir prácticamente lo mismo: que la piratería ha llegado al mundo del libro, que los editores están acojonados (con perdón) y que la ley Sinde -la que permitirá cerrar páginas web sin una orden judicial- tiene que llegar ya para venir a salvar a los pobres editores.

Ya ha habido otros bloggers más conocidos que han criticado estos artículos, pero creo que es necesario insistir en algunas de sus falsedades y manipulaciones.

  • En primer lugar, evidentemente, existe un sesgo de base en los dos artículos: se presenta la opinión (¡opinión!) de los editores como si fuesen hechos, y no se pide en cambio ninguna opinión de lo que podría ser “la parte contraria” (asociaciones de internautas, páginas web de enlaces, abogados defensores de éstas, etc.) Ademas, por supuesto, no existe ni un atisbo de crítica a las editoriales, por su lentitud a la hora de adaptarse a los nuevos medios, o por algunas de sus decisiones evidentemente cuestionables (¿de verdad no pueden ser más baratos los eBooks?) ¿Tendrá que ver el que El País pertenezca al mismo grupo editorial que Alfaguara, o estaré siendo mal pensado?
  • El vocabulario que se utiliza es también claramente tendencioso. Hablar de “piratería” en ambos titulares no es algo meramente descriptivo, como no lo es el que se hable de “descargas ilegales” o “páginas web ilegales”, cuando la ilegalidad de estas páginas no es una evidencia apriorística, sino que debe ser determinada aún por los tribunales -que, por cierto, por ahora no están dando la razón a los demandantes.
  • La transformación automática de “ventas potenciales” en “pérdidas” es tramposa y deliberada, por mucho que se insista en ella. No todo el que se descarga una canción se habría comprado el disco, ni quien se descarga una película habría ido al cine a verla. Yo, y creo que todos, tenemos un presupuesto limitado para gastar en cultura (libros, cine, música): si no existieran las descargas, quizás gastaríamos algo más, pero sobre todo consumiríamos mucha menos cultura.
  • ¿Cómo es posible que Aldo Olcese, presidente de la Coalición de Creadores, diga que el libro electrónico está en “caída libre”, cuando todavía ni siquiera ha despegado? Que en algún momento la venta de eReaders iba a explotar estaba claro; que las editoriales españolas no se estaban preparando para ello, también. Si el principal recurso para la adquisición legal de libros en formato digital es Libranda, con un ridículo catálogo de 4000 títulos, vamos apañados. Eso sin contar con el hecho de que muchas de estas descargas pueden ser perfectamente legales (por ejemplo, si me descargo una edición del Quijote libre de derechos de autor, no estoy vulnerando ninguna propiedad intelectual, por mucho que la Editorial Crítica esté vendiendo un ejemplar menos de su magnífica edición y con eso reduciendo sus ganancias -que no aumentando sus pérdidas-).
  • La protección de los derechos de autor es algo deseable, eso ya lo he dicho varias veces. No estoy alentando la descarga masiva de libros ni el “todo gratis”, como parecen creer algunos. Lo que digo es que estamos ante un tema complejísimo; ante uno de los quiebros más importantes en la historia de la transmisión de la cultura desde la invención de la imprenta. Pretender parar esta revolución con medidas punitivas y recaudatorias sin adaptar el sistema de distribución y comercialización de los productos culturales es no solo erróneo, sino peligroso, porque puede llevar aparejada la vulneración de algunos derechos individuales fundamentales.

Y si los artículos de Ramón Muñoz dan miedo, otros del “dossier” de El País dan aún más miedo: “Lara urge al Gobierno a que clausure ya las páginas de ‘descargas ilegales’“, “Se podrá cerrar una web ilegal en un mes y medio“, “¿Ciberactivistas o ciberdelincuentes?“, “Los piratas no quieren papel“, “Los piratas ponen rumbo al libro“… Y en todos ellos, las mismas falacias y manipulaciones: hablar de “piratas” y de “ilegalidad” sin que exista resolución judicial alguna que lo justifique; equiparar descargas con pérdidas; dar voz solo a los autores y editores, sin atisbo de crítica alguna… Solo un muy razonable artículo del siempre razonable José Antonio Millán, titulado “Malas y buenas noticias” pone un poco de cordura y ecuanimidad en el debate.

Porque creo que está bastante claro que no toda la culpa la tienen los “piratas”. Cuento un ejemplo real basado en mi experiencia: como ya sabéis los que leéis este blog, este verano me regalaron por mi cumpleaños un eReader, un Papyre del que estoy muy orgulloso. Y lo primero que quise hacer, claro, es llenarlo de libros. Como me había propuesto ser legal, acudí a Libranda, y allí, sí, compré un par de novelas policiacas de lectura fácil; pero luego me apetecía buscar también algo de Italo Calvino (por ejemplo, El caballero inexistente o Si una noche de invierno un viajero…). Resultado de la búsqueda en Libranda: cero. Ni un solo libro de Italo Calvino está disponible legalmente en español. Puedo, naturalmente, confiar en que la editorial que tiene sus derechos se va a poner las pilas y lo va a digitalizar en los próximos meses, pero al ritmo que va la cosa, me temo que mientras estén vigentes los derechos de autor nunca existirá una edición digital legalmente adquirible de El barón rampante o de El vizconde demediado.

Por si alguien lo duda, lo siguiente que hice fue acudir a “Qué de libros“, donde está disponible prácticamente toda la bibliografía de Italo Calvino en formato .pdf. Así que, sí, soy un pirata, señor Ramón Muñoz. Denúncieme.

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5 pensamientos en “Soy un pirata

  1. Muy de acuerdo, sobre todo con el punto tres. Eso de pensar que cada canción/película/libro descargado sería una venta del CD/DVD/libro es no tener ni idea de lo que es el mundo.
    En mi opinión, la descarga de cultura podría beneficiar a los productores/editores, si supieran sacarle provecho. Como sólo se dedican a protestar y tratar de contener la avalancha, se les escapa el negocio entre los dedos de las manos.
    Al fin y al cabo esto lo hubo siempre. Yo de niño tenía una colección de cintas (sí, sí, casettes) con los LPs de los grupos que me gustaban, y muchos de los cuales me compré años más tarde, cuando mi economía me lo permitió. Si de niño no hubiese “pirateado” con cintas, nunca me habría comprado muchos de esos CDs.

  2. No me extraña que te indignes!!! No es para menos!!!
    Para empezar, el canon digital es un castigo -ilegal por cierto- que te aplican de antemano “pa’ por si te portas mal”. Y voy a hablar de lo que conozco un poco, que es la música, pero me parece que a la literatura le está pasando ahora lo mismo: Cada año se publica la lista de los músicos o grupos que más ingresos generan. Y en esa lista, y cito de memoria y no en orden de importancia, están Lady Gaga, AC/DC, U2… es decir, los que más se han subido a un escenario, NO los que más discos venden. Es decir, el negocio de la música hoy en día no está en la venta de discos, sino en los directos, y para esto, ¿Hay algo mejor que la promoción gratuita que es descargarse un disco? Es una promoción cojonuda!!! Problema: para subirse a un escenario y llenar concierto tras concierto hay q ser un profesional, ya no nos sirven los triunfitos de 2ª generación en adelante que grababan un disco de estudio donde un ingeniero retocaba todos los gallufos y con un churro fabricaba una flor. Y claro, ahora el pobre Ramoncín se pilla un berrinche de tres pares porque la gallina de los huevos de oro ya no da pa’ vivir en Miami.

    La forma de consumir música ha cambiado, sobrevive el que mejor se adapta al medio, no el más fuerte. Ahora que alguien me traduzca esto a la literatura, y daremos con la piedra angular que cambie la forma de consumir libros.

  3. ¡Ahí le has dado Santi! Todo el sector económico del libro se tiene que poner las pilas y muy rápido porque llevan años de retraso.
    Una iniciativa interesante parece 24symbols. De todas formas, tampoco ahonda de lleno en el problema.
    Además, por otro lado, está el tema del precio que debería tener un ebook (y me refiero no al soporte, sino al libro electrónico en sí). Un descuento del 20-30% sobre la edición que en ese momento esté en el mercado es un timo, por no decir directamente un atraco.

  4. Pingback: Profesor de ELE en apuros » Blog Archive » Libranda Vs. 24symbols

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