100 años de República

Cartel conmemorativo de la proclamación de la República

Hoy Portugal está de fiesta: hace exactamente 100 años, el 5 de octubre de 1910, se producía el golpe de estado que llevó a la desaparición de la monarquía y la instauración de la República. Para conmemorarlo, aparte de no ir a trabajar, se han organizado bailes, desfiles y celebraciones por todo el país; de hecho, todo el año 2010 está siendo una celebración constante de la República Portuguesa, con exposiciones, congresos, publicaciones y actos de todo tipo.

En todo caso, aunque hoy se celebre una fecha concreta, la implantación de la república en Portugal no fue cosa de un solo día. Ya desde la década de los años 1890 se veía un creciente descontento con el sistema político portugués, con la subordinación a las imposiciones británicas (por ejemplo, la retirada de las fuerzas armadas de ciertos territorios africanos después del ultimatum de 1890), los elevados gastos de la familia real o la influencia de la iglesia en los asuntos de Estado. Además, había una generación de intelectuales y políticos (la llamada “generación del 70“), entre los que destacaban Teófilo Braga, Pinheiro Chagas, Ramalho Ortigão o Magalhães Lima que había ido logrando cierta popularidad tras las “Conferencias del Casino“, y con la organización, también en 1890, de las celebraciones del tercer centenario de la muerte de Camoes.

Los últimos años de la monarquía fueron especialmente convulsos. En 1906 Joao Franco fue nombrado jefe de gobierno, logró convencer al rey para cerrar el Parlamento y acabar con el sistema de “alternancia de partidos” que consideraba ineficaz y corrupto, e instauró así un régimen sin oposición y con muy limitados derechos civiles. En 1908, un intento de golpe de estado fue duramente reprimido y los participantes, sentenciados sin juicio a la deportación a las colonias. Ante el descontento general, el rey decidió volver a Lisboa para intentar dar sensación de normalidad, pero a su llegada a la Praça de Comercio fue abatido por disparos, muriendo en el acto, al igual que su heredero, Luís Filipe. Su sucesor, Manuel II, apartó a Joao Franco del poder, culpándolo de exacerbar los extremismos políticos, y nombró un gobierno de unidad (o “gobierno de aclamación”, como fue conocido). Sin embargo, la división de los partidos monárquicos y el avance de los republicanos, dominados por los elementos más radicales y revolucionarios, seguía siendo evidente.

Teófilo Braga, primer Presidente de la República

El golpe, que parecía inevitable, comenzó el 3 de octubre; después de dos días de combates en los que parecía incluso que la revolución iba a fracasar, terminó por fin por imponerse, con la rendición de las tropas monárquicas y la proclamación de la república en el balcón de la Cámara Municipal de Lisboa a las 9 de la mañana del día 5 de octubre. El rey huyó al exilio al saber que también Oporto se había unido a la causa republicana, y se proclamó un gobierno provisional, presidido por Teófilo Braga.

Como en España, los años de la I República en Portugal fueron muy inestables. En los 16 años que duró, hubo 7 Parlamentos, 8 Presidentes de la República y 45 gobiernos; dos periodos dictatoriales; una guerra civill; un intento fallido de restauración monárquica; un pronunciamiento (en 1921) durante el cual fue asesinado del Primer Ministro António Granjo. Con este clima de inestabilidad y dudosa calidad democrática, a nadie sorprendió (y casi nadie se opuso a) el golpe de estado del 28 de 1926, que levó a la instauración del “Estado Nuevo”, el régimen salazarista que duraría hasta la Revolución de os Claveles de 1974. Los historiadores, como sucede con la II República española, no terminan de ponerse de acuerdo sobre el valor y el significado de la I República portuguesa: ¿fue un momento de progreso y democracia; un caos político y social; fracasó por sus propios pecados, o por causas externas?

Curiosamente, en un periódico gratuito de estos que reparten en el metro leí un artículo de opinión en el que planteaba la posibilidad de volver a una monarquía, dados los actuales problemas del país y la “escasa calidad de la democracia” (sic). Dudo mucho que este texto sea representativo de la opinión mayoritaria de los portugueses, que, por lo menos de cara al exterior, están celebrando la República como un logro nacional; pero sí es significativo de que existe cierto descontento, también expresado por grupos monárquicos, claramente minoritarios, en Lisboa y Guimaraes.

En todo caso, y al margen de estas pequeñas disidencias, hoy es un día de fiesta en Portugal. Y encima hace sol. ¡Viva la República!

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