Canción del ególatra

Cada mañana
todas las naciones del mundo
vienen a mi casa a suplicarme
que siga siendo como soy
porque me quieren me admiran me necesitan
así
ni más ni menos
como soy.

Y lloran y me piden que no cambie y se humillan
porque siendo tan perfecto
¿quién iba a despreciarme?
¿quién iba a querer
cambiarme, si soy perfecto?
No podría ser más alto
ni más bajo listo amable sonriente
sin estropear el equilibrio
perfecto que me habita.
No podría vestir
ni hablar
ni bailar cantar cocinar tocar todo lo que toco
mejor
sin hacerme insoportable
a los ojos de la plebe.

Y así pasan los días
y regalo al mundo
mi presencia
por las calles
-soy así de generoso-.

Soy
-que ya es bastante-
y cada mañana
es el mismo Dios quien se arrodilla
en mi habitación
para pedirme que no cambie.

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