Ayer era el día de mi boda, pero no me presenté. Mi teléfono estuvo sonando toda la mañana: yo lo miraba vibrar tumbado en la cama. Luego se quedó mudo. O se acabó la batería o la paciencia. Se oían unas campanas a lo lejos, en medio del silencio de la ciudad en verano. Después, serían las tres o las cuatro, tocaron al timbre. Se escuchaban varias voces. Mi nombre. Por la ventana, entre las rendijas de la persiana, entraba una luz gris, y yo prefería mirarla, y mirar el polvo flotando a través de ella, antes que levantarme de la cama y abrir la puerta y enfrentarme al mundo. Las voces subían de tono, golpes en la puerta. Empezaba a oscurecer, y yo me puse a pensar en Ana, mi dulce Ana, y en por qué no podía casarme con ella. Más voces. Del bar de abajo llegaba música ligera y las risas de los primeros borrachos. Yo ya no era yo, era otro, no era mi nombre el que gritaban al otro lado de la puerta. Cuando me estaba quedando definitivamente dormido volví a recordar a Ana. Su mano en mi pelo, una suave presión en el vientre y un beso suyo en mis ojos cerrados. Luego se hizo de noche y todo quedó en silencio inundado de oscuridad.

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4 pensamientos en “

    • Pues es que estuve pensando títulos, pero ninguno me convencía. Se me ocurrió por ejemplo “ausencia por causa justificada”, “causas de fuerza mayor”, “vacío”, “no se culpe a nadie” y variantes de todas estas, pero ninguna me parecía lo bastante genérica y ambigua para que fuese bien. ¿Alguna sugerencia?

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