Oda a la ginjinha

Porque si el Haggis tiene un poema dedicado, la ginjinha también se lo merece

¡Oh, ginjinha, deliciosa bebida
Reina entre todos los licores digestivos!
Tú estás por encima de todos ellos
estén hechos
con aguardiente, anís o cazalla.
Tú los vences a todos
con tu buen par de guindas.

Tu color caoba, granate o como se llame
tu textura densa, como de caramelo
(mira, ese es otro posible nombre para tu color)
tu sabor afrutado, como no podía ser de otra manera
(porque tienes frutas)
y el calorcito que das al bajar por la garganta
sobre todo en invierno…

¿Acaso habrá vino que se te iguale,
caldo de Rioja o de Rueda que se atreva a competir
contigo?
¿Acaso un whisky escocés traslúcido y seco
o un vodka ruso, preferiblemente mezclado con naranja
(porque solo no me gusta)
puede compararse
contigo?
¿Es que hay ron, ginebra,
champán, pacharán, vino tinto o chacolí
que se te acerquen?
(La respuesta, por si alguien no lo ha pillado
es “no”)

Así pues,
cuando el camarero pregunta
(a ser posible, en Largo do São Domingos)
si la quiero con o sin
respondo lo que me apetece
(dependiendo del día y el humor)
pago lo que me pidan
(1.10)
cojo delicada y amorosamente en mi mano el vaso de plástico
salgo a la calle
y disfruto del licor
a ser posible con amigos

¡Oh ginjinha,
ginjinha,
ginjinha!

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