Toma 2

Respondiendo (intentando responder) al reto de Isa

Los primeros días siempre son los más difíciles.

Una muchacha aterriza en Lisboa. No trae consigo más que sus ojos azules, y una maleta temblorosa y anémica. La recibe una pensión cordial, voluntariosa, sencilla, y un cielo luminoso y (también) azul. Saca su sonrisa a pasear por las calles de Lisboa. Se lía un cigarrillo en la Plaza Figueira, rechaza hachís en la Baixa, brinda en el Chapitô. Hay un concierto. Tocan música de su tierra, y la muchacha se emociona, de manera callada pero elocuente. Todos los días, le llaman por teléfono.

Un hombre llega a Budapest para un viaje de negocios. Cambia dinero, coge un taxi, paga exageradamente por el taxi, llega a su hotel a través de una calle polvorienta y desconchada. ¿Habla inglés? ¿Francés? ¿Español? En el mostrador, mujeres casi desnudas en tarjetas de colores le proponen masajes eróticos. Sale a cenar, a pasear, a tomar una cerveza. En Hősök tere se acuerda de Berlín, y de París, y de Madrid. Saca del bolsillo una de las tarjetas. Sus ojos van del número de teléfono al precio, del precio al número. Guarda la tarjeta. Pregunta en su pobre inglés por un McDonalds.

Un joven recorre las calles de Dublín. Los primeros días siempre son los más difíciles. Acaba de comprarse un móvil irlandés, y la agenda poco a poco se le va llenando de números. En Temple Bar, ya tiene su bar favorito, donde conoció a dos turistas holandesas. No es probable que vuelvan, pero él sigue yendo cada sábado. Allí conoce a otros jóvenes, a otros estudiantes. Habla con gente. Habla. Les cuenta cosas, y le cuentan cosas a él. Hacen planes. Hablan. ¿Vamos aquí? ¿Hacemos esto? ¿Visitamos aquello? A veces, van aquí, hacen esto, visitan aquello. Otras no.

Este otro joven no llega, no se va, no vuelve. En su piso de Nueva York, mira a través de la ventana. Juega con otras personas a través de la Play Station. A lo lejos, ve pasar los barcos y los aviones. Lee, se distrae con su ordenador, mira la tele. Le cuesta dormir. Podría estar en cualquier parte, pero está allí, siempre allí, Broadway, el Village, Times Square, Battery Park. Busca, como un consuelo, el Hudson. Todos los ríos son el mismo, piensa, y las gaviotas hablan siempre el mismo idioma incomprensible y monótono.

Una mujer decide irse una vez más. Se despide de sus amigos, de su trabajo, de su apartamento. Cada vez que se muda, envía a casa cajas cargadas de libros, que sus padres apilan en el trastero. Se despide de las ciudades y de las personas y escribe poemas en los trenes. Ahora, se adormece suavemente de camino a París, y no se da cuenta del cuidado con el que el pasajero de enfrente evita rozarla. A mitad de trayecto, su ejemplar de Les Faux-monnayeurs cae al suelo, pero nadie lo recoge. Se despierta en un vagón vacío. Coge su maleta, se baja, coge un taxi.

Los primeros días son siempre los más difíciles.

Anuncios

Un pensamiento en “Toma 2

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s