El Reino de Ciento Volando

Supongo que ya lo he dicho otras veces, con otras palabras: llegar a un nuevo lugar es instalarse en el Reino de Ciento Volando, en el que todo son posibilidades y no hay manera de saber cuáles de ellas se van a realizar y cuáles se van a  desvanecer. Te presentan a una persona y no sabes si se va a convertir en tu mejor amigo, en tu compañero del alma, si vais a haceros la vida imposible mutuamente o si, como suele suceder, no vas a volver a ver a esa persona nunca más. Te tomas una cerveza en un sitio, y piensas: “este va a ser mi restaurante habitual: los camareros me saludarán por mi nombre, conocerán mis gustos, pondrán mis canciones favoritas sin siquiera tener que pedirlas”. Y a veces eso sucede, pero lo más frecuente es que no. Y va pasando el tiempo, y algunas de las potencialidades se concretan, algunas de las ilusiones se marchitan, y otras siguen siendo posibilidades abiertas, ramificaciones todavía inexploradas.

Y todo este proceso es estimulante, agobiante y extraño.

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2 pensamientos en “El Reino de Ciento Volando

  1. Esa comedura de tarro es taaaaaan portuguesa… (vivo con una, sé de lo que hablo). Rápida adaptación, la tuya. 😉

  2. Si, es una enfermedad extendida, de rápida expansión y de resultados fatales: todos los casos terminan con la muerte del paciente. Se llama vida. Portuguesa, por supuesto.

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