Idea para una pesadilla

Cuando las luces se apagan, todos estamos desnudos. Es difícil saber qué ocurre antes: la desnudez, la oscuridad o la humillación. Lo que sí se sabe es que la humillación no nace de la desnudez, ni de la oscuridad, sino de la conciencia de que ninguna de las dos son voluntarias sino impuestas, y de que hay otras personas obligadas a la misma desnudez, a la misma oscuridad, y de que hay, más allá, otras personas vestidas e iluminadas que son la que nos obligan a estar a oscuras, desnudos y, en consecuencia, humillados.

La desnudez, la vulnerabilidad de los cuerpos, su carnalidad viscosa, su sensibilidad acentuada por la ausencia de luz, aconsejan la inmovilidad, el silencio, la cautela. Pero el silencio pronto se puebla de ruidos -respiraciones, llantos, risas (¿quién ríe? la humillación)-. Manos que intenta tapar lo que no se ve, cuerpos que intentan encogerse hasta desaparecer.

Querríamos ser más valientes, demostrar mayor seguridad, intentar reconocer ese llanto, localizarlo en las tinieblas, abrazar es ecuerpo que tiembla, consolar ese espíritu que sufre. Pero el miedo se impone: el miedo a ser malentendido, a ser rechazado, a equivocar un cuerpo por otro, a que nuestro cuerpo se vea contagiado por ese temblor, por ese llanto, por ese sufrimiento.

Entonces alguien nos toca -una mano fría que se posa sin violencia en el pecho, tantea, asciende, se enreda en el pelo y vuelve a descansar sobre un hombro, temblorosa, débil, ingrávida; y nuestro cuerpo se tensa a su vez, expectante, temiendo el golpe o el abandono (y no se sabe qué se teme más, si el golpe o el abandono).

La voz se nos atasca en la garganta, y cuando finalmente sale, sale quebrada, ronca, casi sorda: “quién eres”. Y la mano que nos tocaba se agita, se afila y se aprieta contra nuestro hombro como si fuera una garra, y nuestra voz ahora sí se escucha y retumba, potente: “Quién eres”.

Entonces se encienden las luces y despertamos con un grito, y una extraña opresión en el pecho.

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2 pensamientos en “Idea para una pesadilla

  1. Es muy malo cenar cocido regado con tintorro y echarse a dormir. Luego pasa lo que pasa.

    Una pregunta, ¿al encenderse las luces era el plató de Gran Irmao?

  2. Lo que más me llama la atención es que el texto está escrito en plural. Incluso al final, al despertar: “despertamos con un grito”. Como una pesadilla planetaria. Diosmío.

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