Taller Literario (R.I.P.)

Me entero, por un email de la lista de distribución del Taller Literario de la Universidad de Deusto, de que la universidad ha decidido cerrar el Taller, o mejor dicho “domesticarlo” poniéndolo bajo la dirección de un profesor o moderador de su elección. Hace ya unos cuantos años que no formo parte activa del Taller (aunque sigo manteniendo el contacto), así que no puedo decir exactamente cuál es la situación actual, pero en todo caso me da muchísima pena, o rabia, que se pierda o se adultere un grupo de espíritu creativo, alocado, libre y amistoso como era este.

De mis tiempos en el Taller Literario (cinco o seis años) tengo los mejores recuerdos. Cuando llegamos a la universidad, solo quedaba una persona en el taller, una tal Laura, a la que ahora se conoce como Espido Freire. Durante los siguientes años la gente vino y se fue; hubo etapas más creativas de cara al exterior (recitales, publicaciones, conferencias) y otras más “intimistas” (escritura compartida, debate, conversación amable sobre literatura en torno a una mesa con un bodadillo en la Sala Kentucky), pero en todo caso no considero que ninguna de las horas “invertidas” en el Taller sea una hora perdida. Bueno, quizás una o dos.

No creo que mucha gente sepa que entre los agradecimientos que encabezan mi tesis están también “mis compañeros de Filología Hispánica y del Taller Literario de la Universidad de Deusto”, con los que compartí una pasión irracional e ilimitada por los libros y la literatura. En el Taller Literario conocí a algunos de los que, aún hoy, se cuentan entre mis mejores amigos; del Taller (no diré que “gracias al Taller”, claro) salió una Premio Planeta y un Premio Nacional de Poesía; editores, periodistas, investigadores, correctores, directores de cine, historiadores… El Taller era un lugar común en el que la discusión sobre poesía francesa del siglo XIX alternaba con la escritura de cadáveres exquisitos brutales, o con la conversación más libre y las tonterías más desinhibidas.

Ahora, parece, el Taller Literario, al menos tal y como yo lo conocí, ha muerto. Lo siento, sobre todo, por los que ahora formaban parte de él, y por los que podrían haberlo hecho en el futuro próximo. Esperemos que, en cualquier caso, y en cualquier manera, siempre siga existiendo en la Universidad de Deusto un rincón en el que los amantes de la literatura puedan reunirse, alrededor de un bocadillo de bacon y un café, para hacer los que les dé la gana. Y no estarán perdiendo el tiempo.

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4 pensamientos en “Taller Literario (R.I.P.)

  1. Yo, aunque no tenga en realidad ningún derecho, desde el extranjero, estoy cabreada. Aunque no tenga ningún derecho ni realmente pueda opinar porque no he estado allí (aunque mi plan era volver), me da la sensación de que “todos” han ido viendo como el taller, cual pobre animalillo agonizante, iba exhalando sus últimos suspiros sin que nadie (ni en grupo ni particularmente) se haya atrevido a darle una verdadera inyección de reanimación. Se le observaba morir con las cabezas muy juntas, en un círculo, y se vaticinaba su muerte como algo inevitable.

    No tengo derecho a estar cabreada, pero lo estoy. Más que apenada o indignada. Aunque nosotros podamos seguir reuniéndonos de vez en cuando para charlar y, quizá, compartir literatura, las nuevas hornadas de estudiantes no dispondrán de esa opción. Dudo que nadie se mueva seriamente para tratar de reanimar al pobre cervatillo, o para parir uno nuevo, con renovadas energías. La gente a la que le interese la literatura sólo dispondrá de alguien que le corrija lo que escriba -que sí, también está muy bien- pero no encontrará, muy probablemente, un ambiente distendido en el que ganar confianza para poder expresarse libremente.

    Ya me callo… 😦

    Un abrazo,

    Paula

  2. Pues yo, viejo como Santi, creo que el Taller de Deusto tiene en su esencia esa agonía tácita, de siempre. Y creo que existe -vive- independientemente de lo que le suceda. Por mi experiencia, y por la de quienes llegaron cuando yo ya me había ido, estoy seguro de que morirá, estará un par de años desaparecido, y luego regresará, con otra Laura, otro Santi y otro Iván locos perdidos. Y así, a lo largo de los años. Siempre fue la oveja negra, el hijo bastardo, la amante francesa, el tresillo de la función. Cualquier intento por demolerlo, o domesticarlo, fracasará. El Taller de Deusto siempre ha ido por libre, y así seguirá. Apuesto por ello, y por sus próximos cien años de vida.

  3. Todo ha ocurrido ya una y mil veces. Volveremos todos, bajo nuevas formas, a reflotar lo que nosotros mismo hundimos, y el enemigo acechará de nuevo, una y otra vez. Ya hemos muerto y renacimos. Ya he dicho esto antes.

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