Concierto en el Coliseu

1.- El edificio

El Coliseu dos Recreios, o Coliseu a secas, me ha parecido un teatro originalísimo, y muy bonito. A diferencia de la mayoría de los teatros, que tienen forma rectangular o de herradura, este tiene forma octogonal: el patio de butacas es un círculo perfecto, el escenario se sitúa en uno de los lados del octógono, y las plateas y palcos, en las otras siete. Así, se da el caso de que hay localidades (las que están a los dos lados del escenario) que están casi dando la espalda a los músicos. El techo, abovedado y de metal, con una bola gigantesca en medio, más parece propia de un circo que de un teatro, y de hecho el Coliseu alberga a veces funciones de circo. Por la forma y por las puertas enormes de madera, también recuerda un poco a una plaza de toros.

Lamentablemente, no he llevado mi cámara de fotos, así que no puedo enseñaros cómo es; pero en la página oficial del Coliseu hay bastantes imágenes.

2.- La música

La música del concierto, interpretada por la Orquesta Sinfónica de Londres dirigida por Sir John Eliot Gardiner, era toda de Beethoven: la Obertura Egmont, una maravilla (por cierto que el que tenga tiempo y ganas puede entretenerse comparando versiones con distintos directores: Georg Solti, Karajan, Leonard Berstein y Claudio Abaddo; la última es la versión que  a mí más me gusta, y la más parecida a la que he escuchado esta noche); el Concierto n.º 2 para piano, y la Sinfonía n.º 6 “Pastoral”.

En general, el concierto me ha parecido buenísimo -ayuda también el que conociera de antemano las tres obras, y que fueran de Beethoven, claro-, aunque creo que la orquesta ha estado por encima de la solista. Poniendo la oreja a una conversación a mi lado, he oído que la pianista (Maria Joao Pires, una chica pequeñita y con aire hippy) está considerada como una de las mejores interpretando a Mozart; pero, decía este señor, para Beethoven le falta fuerza. Y es verdad que algo se echaba en falta, porque tocaba muy bien, pero no le sacaba mucho partido.

Por cierto, que este señor se ha pasado toda la segunda parte del concierto moviendo la cabeza como diciendo que no, y se ha marchado en cuanto ha terminado sin aplaudir ni una sola vez, así que sospecho que no le ha gustado el concierto tanto como a mí, o como al resto del respetable, que se ha puesto en pie para aplaudir al director y le ha ofrecido la ovación más larga que yo he oído nunca después de un concierto de música clásica.

3.- El culebrón

Pero es que lo del señor de al lado tiene miga. Empiezo por el principio: yo no tenía entrada para el concierto, porque no estaba seguro de si iba a tener ganas de ir o no, así que me he puesto en la cola de la taquilla a eso de las 8 (el concierto era a las 9). El señor este, que por cierto tenía un cierto aire a Fernando Argenta, el presentador de El conciertazo, estaba justo detrás de mí, y detrás de él había una chica, bastante guapa, con aire centro o nor-europeo (¿alemana, austriaca, polaca?). Juraría que no iban juntos.

Total, que compro mi entrada, me voy a cenar algo y cuando me siento en mi sitio, el señor está en el asiento de al lado, y la chica uno más allí. Se ve que estaba libre toda la fila, y la han ido repartiendo por orden de llegada. El señor y la chica están hablando con cierta familiaridad, en inglés. Luego veo que intercambian números de móvil. ¿Habrán ligado? ¿Se conocerían de antes? Él le hace a ella comentarios en voz baja, con cierto aire paternalista; ella le atiende, y le ayuda a colocar el abrigo en la fila de abajo, que está libre, para que no le moleste.

Llega el descanso. Salimos a estirar las piernas. Vuelvo a mi sitio y me dedico a hacer un sudoku en el móvil mientras espero. Cuando las luces ya se están apagando viene el señor, pero sin la chica. Cuando entra en la sala, me da la impresión de que mira hacia atrás, como buscando o esperando a alguien. Pero la chica no viene. El señor parece contrariado. El resto, lo que decía antes: el señor se pasa toda la segunda parte del concierto diciendo que no con la cabeza, y cuando termina se levanta y se va sin aplaudir ni una sola vez. Aunque no tengo tan claro que su disgusto tuviera nada que ver con la música…

Qué cotilla soy, ¿no?

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