José Saramago: Ensayo sobre la ceguera

Idioma original: Portugués
Título original: Ensaio sobre a cegueira
Año de publicación: 1995
Valoración: Mmmmmh, recomendable, pero hay algo que me pone nervioso.

Nota inicial: Sí, esta entrada podría haberse publicado en Un libro al día en vez de aquí, pero he pensado que en realidad no es una reseña para gente que no haya leído el libro, sino más bien un comentario para quienes sí lo hayan leído, así que… aquí va. Por cierto, esta entrada está plagadita de spoilers, por si alguien no ha leído la novela y piensa leerla en el futuro.

Vamos a empezar por quitarnos de en medio lo evidente: Ensayo sobre la ceguera es una buena novela: bien escrita, bien narrada, con personajes en general creíbles, humanos e interesantes. Es una novela profunda, que parte de un planteamiento interesante (la “ceguera blanca” repentina de todos los habitantes de una ciudad, un país y quizás todo el planeta) y lo desarrolla de manera implacable hasta el final.

Lo que me pone nervioso, lo que de hecho no me gusta, es que Saramago es demasiado demagógico -en esta y en otras novelas-, se le ve demasiado el plumero y maneja las situaciones y los personajes a su antojo, como títeres. Por ejemplo, no me trago la reacción del gobierno, ni la de la sociedad civil, ante la epidemia. Aparecen unos cuantos casos -inicialmente no son muchos- y el gobierno ¿qué hace? ¿Los ingresa en un hospital donde puedan ser debidamente aislados y tratados por personal médico adecuado, tomando obviamente las medidas sanitarias adecuadas? (Aunque obviamente no es lo mismo, pensemos cómo han reaccionado los gobiernos de los países occidentales ante la Gripe A).

Pues no: en la novela de Saramago, el Gobierno decide inmediatamente meter a todos los ciegos en un manicomio y encerrarlos allí, prácticamente para esperar a que se mueran. Esto es básico para el desarrollo del resto de la novela: las relaciones tensas e incluso inhumanas entre los ciegos dentro de ese entorno cerrado. Pero narrativamente, no es una consecuencia necesaria de la ceguera: solo lo es porque Saramago lo quiere así, porque Saramago lo necesita. ¿No habría sido más verosímil, y habría llevado al mismo sitio, haber contado que se mete a los ciegos en el sanatorio, debidamente cuidados, pero que con el tiempo la situación se le va de las manos al gobierno y, entonces sí, ya no puede hacer otra cosa que detener la infección por cualquier medio, humano o inhumano?

También en la forma de comportarse los personajes se ve la larga mano de Saramago: los malos son muy malos, los buenos son muy buenos (el ciego que acepta que le dejen atrás si se convierte en una carga; la mujer del médico que acepta que la de las gafas oscuras se acueste con su marido; la misma mujer de las gafas enamorándose del viejo, etc.). Y su forma de expresarse: todos son profundos y filosóficos, todos hacen elegantes juegos verbales y conceptuales. No dicen tonterías, vulgaridades o banalidades.

En definitiva, aunque Ensayo sobre la ceguera funciona, y muy bien, si aceptamos las premisas de Saramago -porque es un gran escritor, eso no lo niega nadie-, en cambio si nos planteamos el argumento y los hechos que se nos presentan como inevitables, o el propio modo de comportarse los personajes, se aprecian ciertas trampas del escritor, que hacen que la novela pierda una parte de su valor. Por lo menos para mí.

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3 pensamientos en “José Saramago: Ensayo sobre la ceguera

  1. Totalmente de acuerdo. Si Saramago se ganara la vida jugando al póker, yo le haría cachear siempre por si llevara tres barajas escondidas. Hace trampas constantemente, y se le nota, que es lo malo. Además, sus novelas siempre cuentan lo mismo: una situación extrañísima obliga a la gente a posicionarse, lo que le da pie para cantar las alabanzas de la bondad y lanzar vituperios contra el clero y el Estado. Pues muy bien.

  2. Pues aun estando en general de acuerdo con vuestro planteamiento sobre su “tramposidad”, es precisamente en Ensaio donde no estoy posicionado como vosotros. Para mí, y completamente desde fuera porque Saramago no está entre mis “indefendibles” ni sus contrarios, este libro funciona como una fábula, casi infantil. Me imagino los personajes como zorros, tortugas, buitres, elefantes. Y como es sabido, en las fábulos los buenos son muy buenos, los malos son muy malos y la bruja mala tiene una cripta, o como en este caso, el rey manda a sus lacayos afectados a una mazmorra. Sí: es un juego. De niños. Malos.

    • Es una forma de verlo, y que no chirríen tanto los maniqueísmos de Saramago. Pero esta visión no me encaja con el tono de sermón que tiene la novela en varios pasajes, en plan “el mundo es así, las personas son así, vosotros no lo sabéis pero yo sí porque soy más listo”.

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