Misantropía

Querer a alguien (un hombre o una mujer) es verdaderamente una cosa bastante asquerosa: querer a una fábrica de mocos, una fábrica de mierda, de orina, trozos de uña, pelos caídos que se enredan en el desagüe de la ducha, caspa, pedos, eructos, piel muerta, costra, pus y otros muchos fluidos continuos u ocasionales; es querer a un conjunto de vísceras esponjosas o gelatinosas, sanguinolentas, repartidas de manera aparentemente arbitraria (¿quién habló de diseño inteligente?) y que se mantienen en un equilibrio tan frágil que una burbuja de aire, un hueso de pollo o un resbalón pueden mandarlo todo al carajo -quiero decir, entendería que alguien se enamorase de un diplodocus o una ballena, pero ¿un homo sapiens? No, definitivamente no. ¿Cómo se puede querer a un ser que sólo por una bifurcación evolutiva afortunada no es un chimpancé, y que sólo por falta de tiempo no ha logrado cazarse a sí mismo hasta la extinción?

Son mucho más dignas de amor las cabras, que por lo menos dan un queso riquísimo.

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8 pensamientos en “Misantropía

  1. Siempre puedes querer a la persona por los quesos. Las cabras no son emocionalmente rentables: por llevar los cuernos ya de nacimiento se han terminado volviendo evolutivamente suspicaces. Además, como uno sea más de playa, a ver qué hace…
    ¡Saludos!

  2. No me resisto a atizarles una cita recién encontrada. Para que se aprecie en su justa medida la raigambre clásica, nunca suficientemente ponderada, del ilustre dueño de este blog.

    “La belleza del cuerpo consiste solamente en la piel. Pues si los hombres vieran lo que hay debajo, como dicen que podía ver las entrañas aquel lince de Beocia, les asquearía la visión de las mujeres. Su gracia consiste en moco y sangre, saliva y bilis. Quien piense en todo lo que esconden los orificios nasales, la gargante y el vientre, sólo encontrará inmundicia. Y si nosotros mismos ni siquiera tocamos el moco o el excremento con los dedos, ¿cómo podemos desear abrazar el saco mismo de los excrementos?” (Odón de Cluny, Collationum lib III, Migne)

    Claro, que este buen monje del siglo IX habría titulado su post “misoginia”…

  3. Siempre se entera uno de algo. Mira de donde lo había sacado Umberto Eco en El nombre de la rosa. Esa descripción casi textual de la mujer se la hacen a Adso.

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