Literatura e identidad (mesa redonda virtual)

Algunas preguntas que se han planteado hoy en unas jornadas sobre Literatura e Identidad, organizadas conjuntamente por Eusko Ikaskuntza – Sociedad de Estudios Vascos y la Universidad de Deusto, y que replanteo aquí para que, si queréis, deis vuestra opinión y montemos una especie de “mesa redonda virtual”:

  1. ¿Tiene sentido que los departamentos universitarios sigan divididos en “Filología Hispánica”, “Filología Vasca”, “Filología Inglesa”, etc.? ¿Qué ventajas ofrece esta división? ¿A qué se debe?
  2. Desde el punto de vista científico, ¿existe, rigurosamente hablando, un objeto de estudio que se llame “literatura española”, “literatura vasca”, “literatura francesa”, etc.? ¿Cómo (con qué criterios o parámetros) se define ese objeto de estudio?
  3. ¿Qué lugar ocupan, en un sistema basado en la división en literaturas nacionales, autores que (voluntaria o involuntariamente) escapan o reniegan de dichas clasificaciones? (Ejemplos: Samuel Beckett, Juan Goytisolo, escritores exiliados o emigrantes…)
  4. ¿Es posible/lícito/aceptable/imprescindible/… utilizar la literatura como instrumento para la “nacionalización de las masas”?
  5. ¿Qué papel tiene la literatura en los discursos identitarios de las distintas naciones en la actualidad?
  6. ¿Es posible clasificar a los autores de una determinada literatura en “más nacionales” o “menos nacionales”? ¿De acuerdo con qué criterios?
  7. ¿Debe un autor que escribe en determinada lengua, y por lo tanto se inscribe en determinado “sistema literario”, aceptar que ese sistema lleva implícitos una serie de contenidos referentes a la identidad nacional? Dicho con otras palabras, ¿debe un escritor nacional ser además un escritor nacionalista?
  8. ¿Caminamos hacia una era post-nacional o supra-nacional, como dicen algunos, o más bien todo lo contrario? Y en cualquiera de los dos casos, ¿qué papel ocupa la literatura en este proceso?

Estas son las preguntas que se me ocurren en este momento, basadas en lo que se ha oído a lo largo del día de hoy. Si os animáis a debatir, ahí tenéis los comentarios para ello (y por supuesto, no hace falta que contestéis las preguntas una a una, que no son los deberes de clase) 😛

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6 pensamientos en “Literatura e identidad (mesa redonda virtual)

  1. Por partes, a ver…

    0) En primer lugar, y con todos mis respetos, una reflexión personal que no entra en ninguno de los puntos planteados. Por mi extraño trabajo, asisto regularmente y en muchos países a un gran número de conferencias, debates y mesa redondas. Con esta experiencia, he llegado a la conclusión de que este tipo de acontecimientos, cuando lo son en ámbitos universitarios, adolecen de un “sobrepeso” academicista que, en muchas ocasiones, los convierte en charlas tediosas, excesivamente especializadas, donde un señor o señora, acostumbrado a hablar “como profesor” “para profesores” (principalmente) entra en una especie de “micromundo” universitario que está casi completamente de espaldas al mundo real. Cierto: generalizar es una tontería. Y sí, cierto: de todo hay, en todas partes. Pero mi opinión al respecto, y solamente es mi opinión, es clara: la universidad genera muchas veces un debate caduco, que sólo tiene sentido dentro del marco universitario. Saliendo de ella, en un mundo más diverso, percibo una mayor sintonía de las reflexiones con la realidad social de los contenidos. Y considero, además, que este “mal” no es endémico en todo el plano universitario, sino que lo retrato especialmente en la universidad española.

    1) Dicho esto, pienso en las “clasificaciones”. Para mí sí que tiene sentido la división de la que hablas. Especializarse es necesario, porque el abanico de contenidos que abarca una materia como la filología es interminable. Desde un punto de vista puramente práctico, primero; quizá no se percibe tanto en una comparativa “hispánicas/francesa”, pero pensemos en la filología árabe, por ejemplo. Hay un abismo tal entre ambos mundos que no puedo imaginar un único departamento “de filología” que pueda recoger, asimilar, investigar y desarrollar proyectos bajo el mismo paraguas. En segundo lugar, desde un punto de vista administrativo, desconozco las ventajas que conllevaría una unificación, pero tengo la impresión de que la gestión general no lo soportaría. Por último, supongo que habría cierto debate, en las “filologías parecidas”, acerca de la necesidad o no de establecer un calendario de dos años comunes, por poner un ejemplo, y luego una especialización de tres o cuatro años para cada una de ellas, de tal manera que un “hispánico” tenga suficientes nociones de fonética inglesa o literatura francesa como para defender una “posición filológica” en cualquier materia. ¿De cuántos años estaríamos hablando, para terminar una carrera? ¿De cuánto dinero? ¿De cuántos profesores? ¿Cuál es el porcentaje de filólogos licenciados al año en España? ¿Compensaría una inversión o la universidad se vería desbordada por las deudas?

    2) Tema interesante y largo. Mi opinión, por resumirla, es “casi que sí”. Jeje. Si yo fuera el Rey de las Universidades y tuviera que emitir un veredicto, sistematizar un mecanismo, aprobaría que “literatura española” refiriera los libros escritos en español. Y mi addendum sería que determinados autores podrían estudiarse transversalmente, como es el caso de Larrea: literatura española y literatura francesa. En el caso del País Vasco, por ejemplo, donde hay una cooficialidad lingüística, entrarían los autores nacidos en la comunidad que escriben en español y los autores, sea cual sea su lugar de nacimiento, que escribieran en euskera. Si los hay, claro. Primer problema: ¿y qué pasa con los autores nacidos fuera de la comunidad vasca, que escriben en español y que viven en la comunidad? Esto plantea el eterno problema, irresoluble, de la identidad nacional. Supongo que precisamente las jornadas a las que estás asistiendo darán cuenta de este callejón sin salida.

    3) Hummm… Bastante sé del tema del exilio, sobre todo del teatro en el exilio republicano. Regreso a la transversalidad. Determinados autores no pueden evitar “formar parte” de dos o más literaturas nacionales. Eso porque aceptamos la división “nacionalista” como un recurso necesario, ¿el “menor de los males”? ¿Cómo si no, me pregunto, encajar en un lugar que no sea un limbo a alguno de nuestros ilustres exiliados, escritores nacidos en España, que escriben en español, y que consumaron el 60% de su obra en América Latina, por ejemplo? De cualquier manera, en las últimas conferencias sobre este tema he descubierto que “el exilio” forma parte, en sí misma, de un género literario. Quizá el caso de Beckett, por ejemplo, sumado a otros, daría lugar a una asignatura común a todas las filologías de “literatura transfronteriza”, como posibilidad más controlable.

    N) Joooooo… cuánto temaaaa… ¡¡¡Tío!!! ¡¡¡Que estoy en la oficina!!! Cabrón!!!!

  2. 5) Pensando en el Régimen, concretamente en el teatro del Régimen, me vienen muchos nombres a la cabeza de autores -soberanamente malos- que fueron inmerecidamente ensalzados, publicitados y exportados como “lo español”, y ciertamente era así, en esa época: el Régimen, como ya hiciera la Iglesia, por ejemplo, supo reconocer en la literatura un poderoso mecanismo de “animación nacionalista” o “discurso patrio” que le convenía. Creo que eso funciona/ba en los regímenes totalitarios, pero no tiene sentido en los sistemas democráticos actuales: la “literatura nacional” ya no tiene ningún valor como promotora de una “identidad nacional”, salvo, eso sí, casos muy concretos de autores muy concretos. Pero son excepciones.

    7) ¿Desde cuándo una literatura nacional lleva “implícitos” una serie de contenidos referentes a la identidad nacional? Vuelvo a mi respuesta anterior: creo que eso se da solamente en regímenes totalitarios, pero no en democracia. Así que no, claro: un escritor nacional no tiene por qué ser, además, nacionalista.

    • Bueno, lo primero gracias por tomarte el tiempo de contestar a algunas de las preguntas, y de manera tan extensa. 🙂

      0) Por partes, respecto a lo que dices de la universidad, te diría que sí y no. Es verdad que en la investigación universitaria hay muchas “pajas mentales” (por decirlo en castizo) que no llevan a nada; pero también creo que hay un nivel o un tipo de reflexión, que a mí sí me parece necesario (más abstracto, menos condicionado por la actualidad o la inmediatez de lo económico o de lo político, por ejemplo) que sólo puede realizarse en la universidad. Idealmente, las universidades deberían ser lugares especializados en “generar pensamiento crítico”, un pensamiento que luego por supuesto debería revertirse en la sociedad. ¿Que esto no es así? Evidentemente, pero no creo que esto invalide el conjunto de las reflexiones que se hacen en la universidad (que por cierto, forma parte también del mundo real…)

      1) Respecto a la división en departamentos, está claro que, por razones puramenta administrativas, alguna división es necesaria; pero el problema es cuando estas divisiones se convierten en barreras infranqueables, y los de filología vasca no saben lo que se hace en filología hispánica, los de filología inglesa no se hablan con los de teoría de la literatura, etc. La literatura en general está hecha de relaciones que van más allá de las fronteras nacionales, y este es uno de sus valores, en mi opinión. Y la división en “departamentos de lengua X y su literatura” hacen que se olvide frecuentemente este hecho. Por otra parte, en la situación actual, lo que es ruinoso es mantener departamentos de “filología francesa” con 3 alumnos, de “filología hispánica” con 2, etc.

      2) Sobre la existencia o inexistencia de las “literaturas nacionales”, creo que en realidad es muy difícil señalar sus barreras, y que en realidad lo que hacemos es una fórmula tan sencilla como falsa: cogemos las naciones contemporáneas, las proyectamos hacia el pasado y llamamos “literatura X” a las obras que se escribieron en el territorio de esa nación, desde los orígenes del universo. ¿Es literatura española, por ejemplo, solo la escrita en español y en España? ¿Y la escrita en España (o en la Península) pero en otros idiomas? (y no me refiero solo al gallego, catalán o euskera: también árabe, latín, hebreo…) ¿Y la escrita en español pero fuera de España (por ejemplo, en las colonias españolas antes de su independencia…) Otra cosa distinta, y que me parece interesante, es el hecho de que cuando un escritor escribe, se inscribe (consciente o inconscientemente) en una tradición, que en muchos casos -por supuesto, no siempre- es una tradición nacional. Pero esto no es un hecho natural, sino un resultado, precisamente, de la “nacionalización de la literatura”. Vamos, que estas categorías pueden ser operativas en la práctica -en algunos casos- pero no son científicamente válidas. Son cosas distintas.

      5) Totalmente de acuerdo: estoy convencido -y lo hemos comentado también estos días- de que el deporte (y en concreto el fútbol) tiene una capacidad mucho mayor que la literatura, en este momento, para movilizar a las masas y unirlas en torno a sentimientos patrióticos exaltados, y muchas veces irracionales y xenófobos (las cosas que se leen y oyen en la prensa deportiva a veces son de juzgado de guardia).

      7) En realidad, esta pregunta no estaba muy bien formulada. Por supuesto, yo no creo que escribir en español te obligue a ser nacionalista español; pero pensando por ejemplo -a raíz de varias de las ponencias que se han oído en las jornadas- en el sistema literario vasco, a veces parecería que sí, que para ser un “verdadero escritor vasco” hay que tener una determinada ideología -nacionalista, y en algunos casos, incluso de izquierda abertzale-; y el que no tenga esa ideología, aunque escriba en euskera, no es verdaderamente un escritor vasco.

  3. Bueno, yo soy estudiante de Filología Inglesa (tercer año) así que voy a intentar responder, aunque sea vagamente, a unas preguntas con los conocimientos que este año estoy adquiriendo en Literatura Postcolonial de habla inglesa.

    1+2) La división departamental es útil para agrupar distintas creaciones literarias que tienen un común denominador. En este caso es el concepto histórico y artificial de “nación.” Normalmente comparten un mismo idioma y están empapadas de una misma cultura, una misma forma de entender el mundo.

    Obviamente hay casos muy confusos, como aquellos relacionados con la diáspora. En mi caso conozco la diáspora irlandesa y cómo muchos inmigrantes renuncian completamente a sus raíces y otros no. James Joyce es irlandés de nacimiento pero, curiosamente se enseña en Literatura Inglesa del S.XX. Otros autores indios que inmigraron a Canadá no se dan ni en literatura india ni canadiense. Por ello, esta división también crea un gran vacío.

    Está bien dividir las literaturas ya que, por ejemplo en mi caso, no podría estudiar literatura hispánica/francesa ya que su estilo no me gusta nada. Pero también estoy al tanto de las desventajas de usar este criterio porque crea generaciones de escritores “huérfanos”.

    Espero haber contribuido un poco, a pesar de no ser aún una licenciada.

  4. Es un tema demasiado amplio y espinoso para pretender decir algo muy coherente, y más con las aportaciones que ya habéis hecho. Pero ahí va algún apunte.

    No me sorprende nada lo que comentas, Santi, sobre “ser un verdadero escritor vasco”. Y es que, en el fondo, para cualquier nacionalista (de cualquier nación), no basta con acreditar los supuestos rasgos diferenciadores de esa nacionalidad, sino que siempre debe sumarse un “espíritu nacional”, “voluntad de construir nación” o como quiera llamarse. Si lo piensas, es imprescindible que añadan ese toque voluntarista, porque, te pongas como te pongas, al final es imposible caracterizar a una masa de población por ciertos supuestos rasgos objetivos que los distingan inequívocamente de sus vecinos. Ese conjunto de rasgos no existe ni ha existido nunca, de modo que es necesario sustituirlos por un acto de fe nacionalista, que es justo lo que se le acaba exigiendo a un escritor para pertenecer -consecuentemente- a una determinada literatura nacional.

    Entonces, si se exige ese acto de fe para formar parte de una literatura nacional, éste me parece un pésimo sistema clasificatorio (porque lo mismo podríamos hablar de literaturas mormonas, budistas y sikhs -y quizá con mucho más sentido-). Puestos a elegir sistemas de clasificación que canalicen los estudios literarios y filológicos, me parece mucho más lógico elegir la lengua, y prescindir de todo intento por unir la lengua a un cuerpo político (o, peor, étnico).

    Al fin y al cabo, el esquema “una nación-una lengua-una literatura” pertenece a un estadio histórico muy determinado, que durante milenios no tuvo validez alguna y que hoy -eso creo- tampoco la tiene. Y peor aún que mostrarse como un pésimo descriptor, es que se ha mostrado como un terrible prescriptor, desde el que se han justificado todo tipo de purgas políticas, educativas y culturales. Los seres humanos no pueden dividirse en conjuntos étnicos homogéneos al interior y heterogéneos entre sí: eso no es más que una ficción política. Ya va siendo hora de que la desenmascaremos y extraigamos las consecuencias.

  5. quisiera pedir ayuda del concepto de literatura e identidad si alguien me puede ayudar se lo agradeceria ya q en la web no sale muy claro

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