Paranoia redux

Es viernes (el viernes pasado, concretamente). Me despierto a una hora razonable -las 9-, me ducho, me visto, tomo un café y voy hacia la universidad. Todo normal: cojo el autobús, hay unos cuantos estudiantes, llegamos al campus en nada, en cinco minutos. En la Cátedra de Lenguas Romances (más conocida como “sala de profesores”) no hay nadie, pero esto es normal: los viernes no suele haber nadie. Me siento en la mesa, abro el portátil y dedico una hora o así a constestar emails, leer los periódicos y preparar la clase de las 12.

Lo extraordinario hace su aparición a eso de las 11.15. El señor de mantenimiento -lo conozco porque es el mismo que arregló la cerradura de la Cátedra la semana pasada- abre la puerta, mira hacia dentro, dice algo y deja pasar a un tipo vestido de blanco y con mascarilla, que se pone a “fumigar” el despacho -conmigo dentro- con un líquido transparente que empapa las mesas, el suelo y -estoy seguro- buena parte de los papeles del resto de profesores. Yo, que no les entiendo lo que me dicen, pienso que debe de ser para las cucarachas, que no las he visto pero me dicen que las hay.

Llegan las 12. Voy a mi clase. Se ve que todavía estoy un poco atontado, porque por el camino no noto nada extraño. Las 12.05. Nadie. Bueno, pienso, ayer fue jueves, y después de un jueves por la noche… Voy a darles cinco minutos más. 12.10. Nadie. ¿La regla del cuarto de hora de cortesía? Esto no es normal: con este grupo de segundo me llevo muy bien, y no me creo que estas alumnas, de lo más aplicadas, hayan hecho pira sin más. O bueno, alguna de ellas sí, pero ¿todas? ¿Será que es fiesta y nadie me ha avisado? ¿Habrá alguna huelga? ¿Aviso de bomba? ¿Me confundiría yo en la clase anterior y les dije, o les di a entender, que no había clase el viernes?

A las 12.30 le mando un sms a Maribel, la lectora de español, a ver si ella sabe algo. Nada. Pero ella ese día no tiene que ir a la universidad, así que no tiene información de primera mano. Para esa hora, yo ya me huelo que pasa algo raro, porque no es solo que no haya nadie en mi clase: es que no hay nadie por los pasillos, por el campus. Además -casualidad-, de repente cae una niebla densísima que no deja ver tres metros más allá de la ventana. Me siento como en una película de Stephen King.

Y por la tarde, por fin, explicación y anticlímax: me llama Maribel, que acaba de ver en la televisión que han cerrado la Universidad de Constanza porque ha aparecido un caso de gripe A. Al día siguiente leo la noticia en el periódico y me entero -más o menos, que está en rumano- de los detalles: al parecer, un profesor de Derecho ha mostrado síntomas de gripe A, y ante la duda el Rector ha tomado la decisión de cancelar las clases y deseinfectar las instalaciones.

Y yo, que no quiero ponerme pesado con lo de la paranoia de la gripe A ni lo absurdo de muchas de las reacciones, no puedo evitar preguntarme: ¿es un caso suficiente para cancelar las clases? Si lo es, ¿es suficiente medida profiláctica cancelarlas un solo día? ¿Sirve de algo espolvorear arbitrariamente con un desinfectante los despachos y las clases? Si el profesor de Derecho hubiera mostrado síntomas de paperas, de sarampión o de gripe común, por ejemplo, ¿también se habrían cancelado las clases en toda la universidad?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.