Norman Ireland

La primera de las muchas relaciones históricas, pocas veces amistosas, entre Irlanda e Inglaterra, se debe a la invasión de ambas por un mismo pueblo: los normandos. Inglaterra había sido conquistada por los normandos en 1066, e Irlanda lo sería poco más de un siglo más tarde, en 1171, bajo el reinado del Enrique II de Inglaterra.

La primera escaramuza de control anglo-normando sobre Irlanda tuvo lugar un poco antes, en 1167, cuando Diarmait Mac Muchada, rey de Leinster, despojado de su trono por Rory O’Connor, acudió en petición de ayuda al rey Enrique, quien le permitió valerse de sus arqueros para recuperar el poder. Otro importante aliado de Diarmait fue el conocido Strongbow (“arco fuerte”), quien ayudó al rey caído con la condición de que le concediese la mano de su hija y, por lo tanto, el derecho a convertirse en su sucesor.

La dominación normanda de Irlanda, sin embargo, no empezó hasta unos pocos años más tarde, en 1171, cuando Enrique, temiendo que los reyes irlandeses alcanzasen excesivo poder, decidió invadir la isla con su ejército. Tras dominar rápidamente Waterford y Dublín, continuó extendiendo su dominio sobre la isla, y nombró a su hijo menor, John (“Juan sin tierra”) Señor de Irlanda. En 1175, Rory O’Connor aceptó firmar el Tratado de Windsor, por el que se declaraba vasallo de Enrique, a cambio de que éste le concediera el control de toda la isla (un control más nominal que efectivo, debido a las constantes rebeliones de otros reyes rivales).

La dominación anglo-normanda de Irlanda se extendió durante todo el siglo XIII, y comenzó a debilitarse en el XIV, debido a las rebeldías internas, a la asimilación de los hiberno-normandos a la población autóctona y a la llegada a la isla de la Peste Negra, que se cebó con las ciudades anglo-normandas más que con la población rural. Hacia 1366, el poder de la corona inglesa en Irlanda se había reducido a una zona conocida como The Pale (“La Empalizada“), mientras que el resto estaba dominado por irlandeses, o por normandos asimilados a las costumbres, la lengua y la cultura irlandesas (de los que se decía que eran “más irlandeses que los mismísimos irlandeses“).

Esta situación de semidominación (Inglaterra seguía considerándose “dueña de Irlanda”, aunque su poder real se reducía a la zona de La Empalizada) se mantuvo todavía durante casi otro siglo, hasta que, ya bajo la dinastía Tudor, Inglaterra llevó a cabo una nueva conquista de Irlanda en torno a 1530.

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