The Liberator

Si uno viaja a Dublín, una de las primeras cosas que verá, casi con toda seguridad, es O’Connell Street, una calle amplia, elegante y bien iluminada (aunque hasta hace bien poco era una zona deprimida y casi peligrosa); si viaja a Limerick, es imposible no toparse con O’Connell Street (y luego O’Connell Avenue), en el centro mismo de la parte “irlandesa” de la ciudad. Así que uno se pregunta: ¿quién es este O’Connell, al que se dedican algunas de las principales calles de Irlanda?

Bueno, pues Daniel O’Connell, conocido también como The Liberator (“el libertador”) fue un pionero en la lucha por la independencia de Irlanda. Nacido en 1775 en Caherciveen, en el Condado de Kery, en una familia católica de buen posición social, O’Connell se educó en Francia, Londres y Dublín, y muy pronto tomó conciencia de la situación de discriminación en la que se encontraban los católicos de Irlanda, y decidió defender la causa de su igualdad y su independencia.

Un aspecto central en el pensamiento político de O’Connell era la idea de que los irlandeses debían defender sus derechos por medios políticos pacíficos, y no violentos. Por ello, no apoyó ninguna de las rebeliones que se produjeron durante esta época (en 1798 y 1803, por ejemplo). En 1810 creó la Catholic Board, una sociedad que defendía el derecho de los católicos irlandeses a formar parte del Parlamento. Cuando en 1828 obtuvo un escaño para la Cámara de los Comunes británica por el Condado de Clare, O’Connell no pudo ocuparlo inicialmente, porque los católicos tenían prohibido ocupar tal posición; un año después, sin embargo, para evitar rebeliones en Irlanda si O’Connell era rechazado, se aprobó una ley de Emancipación Católica, por la que se permitía a los católicos, y los miembros de otras confesiones cristianas, ocupar un escaño en el Parlamento británico. En 1841 también fue el primer católico en más de un siglo en convertirse en alcalde de Dublín.

En los últimos años de su vida, O’Connell dio un paso más en su lucha por la independencia de los irlandeses, y creó la Repeal Association, que pedía la revocación del Acta de Unión de 1800 por la que Irlanda había sido anexionada al Reino Unido. Para promover esta campaña, organizó los que se conocieron como Monster meetings (que podría traducirse como “mítines monstruosos”) por la cantidad de gente que asistía: más de 100.000 personas a cada uno de ellos. Cuando una de estas reuniones en Clontarf, con casi medio millón de asistentes, fue prohibida por las autoridades británicas, O’Connell, fiel a sus principios de no emplear medios violentos ni ilegales, aceptó y la desconvocó.

Esta renuncia, y su posterior encarcelamiento durante tres meses por sedición, supusieron el final de la carrera política de O’Connell, que murió en 1847 durante una peregrinación a Roma. Tras la proclamación del Estado Libre de Irlanda en 1916, se dio su nombre a una de las principales calles de Dublín, así como a otras de Ennis, Sligo, Clonmel, Waterford, Melbourne y North Adelaide. En la actualidad hay un museo sobre su figura en Derrynane, Co. Kerry, donde se exponen objetos y documentos relacionados con su vida y su carrera política.

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