El edificio (reboot, 79)

Es extraña la gastronomía del edificio. Porque los edificitarios quiere mantener las tradiciones de sus tatarabuelos, los platos mantienen sus nombres, pero no sus contenidos. La tarta de manzana del edificio no lleva manzana, porque en el edificio no crecen manzanos; la sopa de pescado no lleva pescado, porque en el edificio no hay peces, y así con todo. En lugar de los ingredientes originales, los edificitarios usan productos sintéticos, prensados, exprimidos, de colores que van del gris al ocre y que recuerdan a la comida de Navidad de un astronauta. Si un habitante de fuera del edificio probase estos platos, no encontraría ningún parecido con los originales; si un edificitario probase los platos originales, con su manzana, su pescado y su todo, probablemente vomitaría, y daría gracias al Altísimo por no haber nacido en los Tiempos Oscuros en que la gente comía cosas vivas y gelatinosas.

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El edificio (reboot, 78)

Se corre el rumor de que el albinismo de los albinos es contagioso como la sarna. Los habitantes de los círculos exteriores y los de la punta de la aguja comienzan a usar productos para oscurecerse la piel (algunos de los cuales provocan irritación, llagas, cáncer), los rubios o pelirrojos se tiñen el pelo de negro, se ponen de moda las lentillas marrones. En algunos pisos se prohíbe la entrada de albinos; si se encuentran con alguno de ellos los empujan hasta el ascensor más cercano con palos y cadenas y los envían hacia los pisos inferiores, donde allá se las apañen. También se corre el rumor de que los albinos y los monos que viven en los huecos de los ascensores se aparean entre sí, dando origen a una nueva especie híbrida, blanca y peluda. Sean verdad o mentira, estas son palabras repugnantes, y no deben ser repetidas.

El edificio (reboot, 77)

Sí, es verdad, el edificio podía haber sido diferente: más acogedor, más orgánico, más compasivo; y quizás así el edifcio hubiera logrado ser eterno, como pretendía. Hubo que elegir entre construir un edificio divino y uno humano, y el resultado fue el que fue. Al fin y al cabo, la belleza pura siempre tiene algo de terrible; la perfección es enemiga de la vida. Se podría decir que en ese abismo entre el edificio —perfecto— y sus —imperfectos— habitantes se encuentra el motivo de su desaparición.

El edificio (reboot, 76)

En el edificio hay una única biblioteca, que ocupa los anillos interiores de los pisos 457 a 493. Los diferentes pisos de la biblioteca están conectados por dos ascensores exclusivos, uno para personas y otro para libros. Cuando se construyó y se inauguró el edificio, la biblioteca contenía o pretendía contener todo el saber del mundo, como la Biblioteca de Alejandría o la de Babel. Con el tiempo el edificio comenzó a producir sus propios libros, y muchos de los más antiguos tuvieron que ser descartados (por el primitivo método de tirarlos por el hueco del atrio del edificio) o archivados en cajas que después se comieron unos animales parecidos a las polillas pero más viscosos. En la actualidad, la biblioteca del edificio se divide en dos grandes secciones: edificiología y ficción.

El edificio (reboot, 75)

Lo sentimos como cuando el viento se para en medio de la tormenta; como cuando un balón sube y sube y sube y de repente parece quedarse detenido en medio del aire, flotando, y promete no bajar nunca (pero baja); como ese instante en que el solista acaba de tocar pero el público todavía no se ha arrancado a aplaudir. Me refiero al momento en que el edificio alcanzó su máximo esplendor, su pico de gloria. Lo sentimos, aunque no supiéramos exactamente qué era lo que estábamos sintiendo. Aunque en el fondo, esas es la verdad, sí lo sabíamos.

El edificio (reboot, 74)

En un día normal (si es que eso ha existido alguna vez en la historia) el edificio se divide en dos.

Por fuera, y visto desde cierta distancia (digamos, desde Saturno), ofrece una apacible imagen de estabilidad y calma, a pesar de la leve ondulación de la aguja, que se mantiene incluso en los días de menos viento.

Por dentro, los habitantes del edificio se mueven constantemente por él como un hormigueo, en trayectorias circulares (en sentido literal o figurado), horizontales, verticales, laterales, zigzagueantes, cada vez más frenéticas.

Las dos imágenes del edificio son verdaderas; las dos son falsas.

El edificio (reboot, 73)

En las escuelas del edificio, los profesores se enfrentan con un dilema: ¿deben hablar a sus alumnos de la vida fuera del edificio? ¿Deben hablarles del Polo Sur y de la Revolución Francesa y del hipopótamo? Si lo hacen, corren el riesgo de llenar la cabeza de los alumnos de cosas que nunca llegarán a conocer; de que piensen que la jirafa es un animal tan ficticio como el unicornio, o tan antiguo como el diplodocus, y eso sería confundirlos. Si no lo hacen, corren el riesgo de que los alumnos piensen que fuera del edificio no hay nada; que el edificio es el universo, que solo el edificio es real e importante, y eso sería confundirlos. Entre las dos confusiones, los maestros escogen la menor, pero con el tiempo ellos mismos van dejando de saber cuál de las dos confusiones es más grande, y cuál es menos confusa que la otra, y si el hipopótamo de hecho existió alguna vez o es tan ficticio como la Revolución francesa.